¿Quién es

natalia

canova?

Bestiario

Reglas para devenir un monstruo contemporáneo.

 

                 Se podría llegar incluso a definir al hombre como el ser que está coartado en su ser-animal y en su persistir-animal.

 

Peter Sloterdijk, Reglas para el parque humano.

 

En el bestiario imaginado por Natalia Canova rara vez vemos una bestia. O podríamos decir que la única bestia verdaderamente presente es el hombre. Bestiario da más cuenta de la presencia humana atravesada por la animalidad que de los animales que efectivamente van apareciendo en la cotidianeidad de los hombres. Podríamos además discutir hasta el infinito la categoría de monstruosidad subyacente en los poemas. La poética que lentamente difumina los límites entre lo normal y lo anormal se va construyendo a medida que avanzamos en la lectura. Hay un deseo que insiste en inscribirse por fuera de toda categoría. El margen se tambalea y pasa a ser el centro, el centro se quiebra hasta desgranarse inundando la frontera.

“Estoy condenada a la humanidad” dice Natalia. Preferiría ser pato y flotar, o pájaro y volar, o araña y esconderse en algún recoveco oscuro. También una cucaracha devenida dama de compañía. Y es que a veces de verdad solo se trata de “mostrarle nuestra soledad a una desconocida”, una soledad que no puede transformarse como los transformers, sino únicamente quedarse en la quietud de un pauerránger. Porque también se trata de seguir jugando arriba de los árboles, mientras las caídas nos dejan cicatrices, los perros de la infancia mueren y las arañas dejan de andar de a dos.

Las bestias, los monstruos elegidos por Natalia son civiles, citadinos, están domesticados, y sin embargo, todo el tiempo nos habita la sensación de estar a su servicio. La ciudad es de las ratas, las palomas y las cucarachas. Son cientos, miles, millones en un edificio. Y nosotros vivimos en jaulitas. El lenguaje que habitamos es otra jaulita. El uso de los diminutivos es, precisamente, el modo de denunciar aquello que nos oprime en forma gigantesca, como si empequeñeciéndolo pudiéramos hacerlo caber en un puño y así mantenerlo en otra jaula. No nos equivoquemos: el lenguaje siempre está ahí para traicionarnos. El desierto crece, decía Nietzsche, y podríamos agregar: las jaulas también.

Los elementos que acompañan el bestiario describen modos de habitar. Vivir en el campo, en el barrio, en la ciudad, todo es un cambio de perspectiva. Los sonidos, los olores, los monstruos, no son los mismos. Ya se trate de monstruos de agua, aire o tierra, de lo que se habla, siempre, es de encontrar el lugar. A veces desde la falta, plantas sin agua, cuerpos sin amor, y por momentos desde la insistencia: los pichones encontrarán siempre un balcón donde nacer, o crecerán tomates en lugares inesperados. La vida insiste casi hasta la desesperación. El amor también.

 

Karen Garrote, Junio de 2017.

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